Política de drogas y derechos humanos

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Número 12, año X, diciembre 2012

En Drugstore Cowboy –la película de Gus Van Sant sobre un grupo de jóvenes que se dedican a asaltar farmacias– aparece brevemente William Burroughs en el papel de un sacerdote que profetiza sobre el consumo de drogas. Según él –la película ocurre a finales de la década de 1970–, no pasará mucho tiempo antes de que las personas usuarias, socialmente devaluadas y con sus derechos y libertades básicos negados, constituyan el pretexto para desplegar una estrategia policiaca mundial encaminada al control de los territorios en el mapa de la circulación de sustancias ilegales. En este panorama –según Burroughs–, las personas habrán desaparecido tras sus hábitos de consumo, y lo que observará la sociedad serán criaturas prescindibles frente a las cuales el Estado no tiene ninguna obligación de garantizar seguridad o derechos.

La presente edición de Dfensor es una ruta de navegación en el tema, pero desde la perspectiva de los derechos humanos, con la convicción de que detrás de las adicciones, las estrategias de combate al crimen organizado y los tabúes en torno a las drogas, lo que permanece son personas: se trata de hombres y mujeres de todas las edades y posiciones sociales cuyos derechos son vulnerados en mayor o menor grado a partir de los estigmas que se construyen alrededor de ellos y su situación en la cadena de producción, distribución y consumo de sustancias todavía ilegales.

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