Reforma de derechos humanos: exigencia impostergable

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Número 6, año XI, junio 2013

Nunca antes en la historia habíamos contado con tal variedad de instrumentos de derecho internacional y doméstico para proteger la dignidad de las personas más allá de los contextos geográficos o de las desigualdades que ellas viven de manera arbitraria. Sin embargo, lo que también se ha multiplicado son las zonas de opacidad y los espacios de inseguridad en donde sistemáticamente ellas ven vulnerada esa dignidad, al experimentar distinciones injustificadas como si hubiese ciudadanos y ciudadanas de primera y segunda categoría, y en donde incluso hay quienes ni siquiera aparecen como titulares de derechos.

El mérito de la reforma constitucional de 2011 es reconocer que el paradigma de los derechos humanos implica la primacía de los derechos de las personas frente a las decisiones públicas o las convenciones sociales sobre el valor de las identidades; y que dicho paradigma servirá de columna vertebral para el conjunto de las instituciones políticas. Gracias a ella, ahora tenemos la oportunidad de reorganizar nuestras prioridades como sociedad y como país a la luz de nuestras obligaciones respecto de la tutela y protección de la dignidad humana, bajo cualquier circunstancia y en todo momento.

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